

El primer día lo dedicaría a instalaros y conocer el centro de Tromsø sin programar demasiadas actividades.
Después de llegar al alojamiento, podéis salir a dar un paseo por el centro histórico. La calle Storgata es la principal arteria de la ciudad y en diciembre suele estar decorada e iluminada por Navidad. También podéis acercaros al puerto, desde donde tendréis unas bonitas vistas de las montañas que rodean Tromsø.
Para la cena, reservaría un restaurante en el centro y probaría alguno de los platos típicos de la gastronomía del norte de Noruega, como pescado local, bacalao, salmón o carne de reno.
Por la noche dejaría una de las actividades más importantes del viaje: la búsqueda de auroras boreales. Lo recomendable es contratar una excursión especializada que pueda desplazarse fuera de Tromsø en función de la nubosidad y las condiciones meteorológicas. Esto aumenta las posibilidades de encontrar cielos despejados.
No hay ninguna garantía de ver auroras, por lo que es buena idea reservar más de una noche para intentarlo.
La mañana puede comenzar con una excursión por los fiordos que rodean Tromsø. En diciembre el paisaje es especialmente espectacular, con las montañas cubiertas de nieve y las pocas horas de luz creando una iluminación muy especial.
Una buena opción es realizar una excursión en barco por los fiordos. Es una actividad bastante relajada y permite disfrutar del paisaje sin necesidad de pasar varias horas caminando por la nieve.
Después de regresar a Tromsø, comería en el centro y dedicaría la tarde a visitar la ciudad.
Una de las visitas imprescindibles es la Catedral del Ártico, situada al otro lado del puente que conecta Tromsø con el continente. Desde esa zona también tendréis unas bonitas vistas de la ciudad.
A última hora de la tarde subiría en el teleférico Fjellheisen hasta Storsteinen. Desde arriba se obtiene una de las mejores panorámicas de Tromsø, con la ciudad iluminada y las montañas alrededor. En diciembre, al anochecer tan pronto, la experiencia es especialmente bonita.
Después podéis regresar al centro para cenar tranquilamente.
Si la previsión meteorológica es buena, volvería a reservar la noche para intentar ver auroras boreales. En caso de que la excursión de la noche anterior haya sido cancelada por mal tiempo, esta segunda oportunidad será todavía más importante.
El tercer día lo dedicaría a una de las excursiones más especiales del viaje: un safari de ballenas.
Diciembre es temporada de avistamiento de ballenas en la zona de Tromsø. Las excursiones suelen salir por la mañana y pueden durar buena parte del día. Dependiendo de las condiciones y de la localización de los animales, se pueden llegar a ver orcas y ballenas jorobadas.
Hay que tener en cuenta que se trata de animales salvajes y, por tanto, ningún avistamiento está garantizado. Aun así, es una de las experiencias que más merece la pena incluir en un viaje a Tromsø en invierno.
Al regresar a Tromsø, podéis descansar un poco antes de realizar una actividad relacionada con la cultura sami.
Una buena opción es visitar un campamento sami y conocer la forma de vida tradicional de este pueblo indígena del norte de Europa. Normalmente estas experiencias incluyen el contacto con renos, alimentación de los animales, un paseo en trineo cuando las condiciones lo permiten y una introducción a la cultura sami.
Por la noche volvería a reservar tiempo para las auroras boreales. Si durante las dos noches anteriores no habéis tenido suerte, esta sería la última oportunidad importante del viaje.
El último día lo reservaría para hacer una actividad con perros husky. Es una de las experiencias más características de Tromsø y, si las condiciones de nieve son buenas, podéis realizar una ruta en trineo por paisajes completamente nevados.
Además del paseo, normalmente las excursiones permiten conocer a los perros, aprender cómo funciona el mushing y tomar algo caliente después de la actividad.
Una vez terminada la excursión, regresaría a Tromsø para comer y aprovechar las últimas horas antes de ir al aeropuerto.
Si disponéis de tiempo suficiente, podéis dar un último paseo por el puerto, comprar algunos recuerdos y tomar un café antes de recoger las maletas.

