La mejor forma de comenzar el viaje es adentrándose en el casco histórico de Bari, conocido como Bari Vecchia, un laberinto de callejuelas estrechas llenas de vida, balcones con ropa tendida y pequeñas plazas donde todavía se respira la auténtica esencia del sur de Italia. Paseando sin rumbo se llega a la impresionante Basílica de San Nicolás, uno de los templos más importantes de la región, que conserva las reliquias de San Nicolás y mezcla influencias románicas y medievales.
Muy cerca se encuentra la Catedral de San Sabino, otro magnífico ejemplo de arquitectura románica pugliese. Después, merece la pena caminar hasta el Castello Svevo, fortaleza construida por los normandos y ampliada posteriormente por Federico II.
Uno de los momentos más especiales del día es perderse por las calles donde las mujeres locales preparan orecchiette artesanales frente a sus casas, especialmente en la famosa Strada delle Orecchiette. Es una experiencia muy auténtica y perfecta para conocer la tradición gastronómica local.
Por la tarde, el paseo marítimo de Bari ofrece un ambiente elegante y relajado. El Lungomare es ideal para caminar al atardecer mientras se observan pescadores, terrazas y el mar Adriático. Para cenar, nada mejor que probar platos típicos como la focaccia barese, pasta con marisco fresco o pulpo a la parrilla.
A menos de una hora de Bari se encuentra Polignano a Mare, uno de los pueblos más espectaculares del sur de Italia. Situado sobre acantilados de piedra caliza, ofrece vistas increíbles del Adriático y un casco histórico lleno de terrazas panorámicas, callejones blancos y rincones románticos.
La famosa playa de Lama Monachile, encajada entre rocas, es uno de los lugares más fotografiados de Puglia. También merece la pena recorrer las terrazas sobre el mar y descubrir pequeñas poesías escritas en puertas y paredes del centro histórico.
Después del almuerzo, el viaje puede continuar hacia Monopoli, un encantador pueblo costero con un ambiente más tranquilo y auténtico. Su puerto pesquero, lleno de barcas azules tradicionales, es uno de los rincones más bonitos de la región.
El centro histórico está lleno de iglesias barrocas, plazas escondidas y restaurantes donde degustar pescado fresco. Monopoli también cuenta con pequeñas calas de aguas transparentes ideales para relajarse durante unas horas.
El tercer día puede dedicarse al interior de la región, empezando por Alberobello, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este pequeño pueblo es famoso por sus trulli, construcciones tradicionales de piedra con techos cónicos que parecen sacadas de un cuento.
Pasear por los barrios de Rione Monti y Aia Piccola permite descubrir decenas de estas viviendas únicas, muchas convertidas hoy en tiendas artesanales, cafeterías o pequeños alojamientos con encanto.
Después, vale la pena recorrer el precioso Valle de Itria, una de las zonas más elegantes y rurales de Puglia, rodeada de olivares, viñedos y carreteras panorámicas.
En esta ruta destacan pueblos como Locorotondo, considerado uno de los pueblos más bonitos de Italia gracias a sus casas blancas y balcones floridos, y Martina Franca, famoso por su elegante arquitectura barroca y sus plazas señoriales.
La jornada es perfecta para disfrutar de una comida típica en una masseria tradicional, donde probar quesos locales, burrata fresca, embutidos y vinos de la región.
Aunque pertenece a la región de Basilicata, Matera es una excursión imprescindible desde Bari. La ciudad es mundialmente famosa por los Sassi, antiguos barrios excavados en la roca que crean uno de los paisajes urbanos más impresionantes de Europa.
Caminar por Matera es como viajar en el tiempo: casas-cueva, iglesias rupestres, túneles y miradores convierten cada rincón en una experiencia única. La ciudad ha sido escenario de numerosas películas gracias a su aspecto bíblico y misterioso.
Entre las visitas más interesantes destacan la Catedral de Matera, las iglesias excavadas en piedra y las terrazas panorámicas desde donde se contemplan los Sassi al atardecer.
También es recomendable entrar en alguna casa-cueva restaurada para entender cómo vivían antiguamente las familias locales.
El último día puede adaptarse según el ritmo del viaje. Para quienes buscan mar y tranquilidad, las playas cercanas a Bari ofrecen varias opciones muy agradables.
Una alternativa excelente es visitar Torre a Mare, pequeño pueblo marinero perfecto para almorzar junto al puerto y disfrutar de un ambiente relajado.
Otra posibilidad es dirigirse hacia Giovinazzo, menos turístico y con un precioso casco antiguo frente al mar.
Para quienes prefieren una experiencia más activa, una excursión en barco por las cuevas marinas de Polignano a Mare permite descubrir grutas escondidas, aguas cristalinas y acantilados espectaculares desde el mar.